martes, 30 de abril de 2013

EL LLAMADO

Desde la otra casa, las voces proclaman mi falta de estar, mis días sin venir, cruzando la linea de escarcha, el nido gris de las greda temprana. Desde la otra casa, tu cuerpo me espera, sin apelativos ni flores. Simplemente me aguarda, como la tierra partida las gotas del alba, o las madreselvas el fin del invierno.
Soy un verso inquieto, abrumado por la calma que nos abisma, por las desavenencias absurdas del silencio.
Estoy solo. Solo de vos y de mi sombra. Repleto de palabras, de oraciones, que guardo para vos, en el centro de los ríos que atraviesan cada noche, mi frente lucero

LAS BROZAS

Las palabras sublimes
redimieron a las brozas. 
Las levedades ardientes
silenciaron a las ramas.

Sobre un trono de escarcha
sorbo lento las injurias.
Acometo la memoria
y extermino al olvido
las adversidades todas 
que ruedan por el suelo
sus habituales liturgias.

Y sin embargo
a destiempo prometo
benevolencias futuras
sobre el talud de las olas
encaramadas/verdes
a un horizonte profano

jueves, 25 de abril de 2013

LA BENGALA PERDIDA

Un recuerdo tendido de espaldas, que sobrevuela mis párpados, me trae a la memoria la cuesta ondulada que hallé tantas veces. En su cima, tu ventana blanca encuadra la blancura de tus gestos, como mástil de negra cabellera.
Hoy mis manos tienen vocación de ti, de tu constelada geografía que conozco a deshoras, como un prófugo que huye, preso de sus deseos y vanidades. Mis ojos, hoy, tienen vocación de ti, del canal fecundo de tu sexo, del aroma presto de tus ojos y del instante en el que eras mía, de todas formas. También mi espalda, mis hombros y sobre todo mis labios, tienen vocación de ti, a paso firme, insosegable.
No soy más que una sombra, de espaldas contra el suelo, que rechina de memoria tu imagen, revertida en recuerdo. El cuadro cenital, perlado de tu boca,ama, lejos de mí y de ti. Soy la sombra del verbo que te extiende otra vez, sobre su lecho. Soy el verbo tardío, que incandece las horas de la muerte, partida ausencia de húmeros amados. Soy el verbo de la sombra, bendita, plural de los amares tercos, asediados por el paso inamovible del tiempo, fiel compañero de rincones, indolente y exacto, que no deja ni un instante, de dibujar sobre mi cuerpo.
Es tan triste saber, que ese artista abnegado, dibuja hoy sobre tu cuerpo, geografías que desde luego, ya no podré recorrer, como tantos lugares del mundo y de mí.

EL BESO

Acaso busco las ramas
del ceibo en tus dedos.
Acaso busco los besos
de la flor en tu seno.
Acaso busco los brazos
del mar en tu espalda.
Acaso/ciertamente/busco la marea
en el cuerpo tendido/astral

Acaso/pulcramente/busco la gota
que orada milenios
los peces diversos
epifánicos versos
que hablan del riesgo
de cercanías posibles
de amaneceres bien-aventurados
de la mejilla
umbral de mis labios 
que besan tu esencia.  

miércoles, 24 de abril de 2013

AHOGO



Cruzan las nubes el aire y él desciende hacia el río, inmerso en la siesta marrón, donde todo es lento, incluso el agua, las gotas o los árboles.
Llega a la orilla y sumerge su cuerpo en el agua turbia, inmóvil en el tiempo. Cierra los ojos y se imagina niño otra vez. Pero la imagen de Marga estalla en su mente. Sabe que ella, en la penumbra de la sed, lo espera; ansiando el andar de sus manos sobre el cuerpo de bronce candente, que ahoga. Entonces, de un salto, sale del agua y corre a su encuentro.

martes, 23 de abril de 2013

VELO

Detrás de tus párpados
resplandecen los astros
que muestran tu esencia
Y detrás de tus labios
fulguran las perlas
que velan mi insomnio.

domingo, 21 de abril de 2013

SOLEDADES


Tengo soledades repartidas en mis huesos, 
en todo mi ser. 
Algunas son nimias prominencias, 
y otras, desmesuradamente adversas,
fragmentan el día y pliegan las hojas. 

No me avoco a la tristeza,
me deslindo de nostalgias, 
pero me siento, irremediablemente solo, 
desentrañado de las perlas y la risa.

Acaso otros pasos me acompañan
y otras manos me recorren, 
obnubilando mis ojos de plegarias, 
de lágrimas o espantos que anidan en las sombras. 

Acaso sea yo el precursor del vacío, 
de la nada universal, inabarcable, 
que no admite dádivas ni arengas. 
Acaso sea objeto de un destino inevitable, 
como despedidas en andenes olvidados. 

Acaso yo no entienda
las verdades esenciales.
Acaso estoy solo, sin culpables ni emisarios,
ausente de mí, en el ojo perpetuo
de una multitud sin fronteras,
ciega, sin asombro.

CASA VACÍA




Tengo una casa vacía, sin nombre ni perdón; repleta de latencias, de amores que se fueron, sin rastro ni señal.
Mi casa es sitio de sombras, de absurdas vanidades, que andan por la noche, crujiendo mis frontales.
Mi casa es insomne, de verbos pestañados; derrama luz las mañanas y es lívida jactancia de muertes que me acechan. Yo no les temo, les abro espacio en los cajones, henchidos de recuerdos y flores paginadas.
Mi casa es templo sin dogma, vacío de palabras y preñado de silencios. Acaso habito a deshoras, a destiempo sus estancias. Mi arribo, desde alguna frontera de lascivia, fue tardío al lugar de sus portales.
Acaso sin lengua, soy irremediablemente el único habitante de su sombra, impía y verbal, que se alza con el alba y descansa en mis espaldas.

EL LAPACHO


















Mientras él las miraba,

por la boca de las hojas salían nombres,

frases y lágrimas.

Las gotas de lluvia,

que esperaba con certeza

y paciencia ejercitada,
se abismaban 
pluralmente indudables.

Con voz bronca, gutural,

los ojos amarillos, asidos a las ramas,

describían la voz que sale

de las fosas invisibles.



Él, pensaba en volver.

En cerrar los puños y saltar.

No quería esperar más.

Su vida, raíz sin árbol,

tenía el rostro de la espera,

cajón de albura vacío,

sin templanza ni candor.


Había extraviado tantas cosas,

tantas páginas sin ver,

acodado en la proa

de barcos ambulantes.




Entonces se detuvo, a golpe seco,

para observar las baldosas

de la galería, cuya frente mira al sur

con entereza.

Supo que era tarde ya, para volver.

De lo que fue, allí nada quedaba,

salvo el trozo de tierra

que lo espera ancestral,

bajo los rayos solares que estrellan

el hemisferio cribado del lapacho.

Entonces, ya sabido su destino

pudo descansar, después del salto.