sábado, 13 de julio de 2013

MADRE

MADRE,
tus brazos son blancos,
como el perfume del cielo.

MADRE,
tu frente es horizontal,
como el amor de los ríos.

MADRE,
tu rostro es blanco abisal,
como el sonido de un templo.

MADRE,
tus brazos son, otra vez blancos,
como el abrazo pasado
y la nación de mis actos.

MADRE,
tu frente es, otra vez horizontal,
como el camino cernido,
o el transitar de los trenes.

MADRE,
mi voz te mira descalza,
y deja libre los astros
que pasearán tu recuerdo.

CONFLUENCIA

Soy el recuerdo de alguien,
de muchas personas;
el encuentro de dos ríos,
el temblor de la mañana.

Las apariciones concurren,
se visten de fiesta;
de abnegación al espasmo o de violetas.

Soy el recuerdo de alguien,
de muchas personas;
el impacto de dos gestos,
el amanecer que se iluna.

Las devastaciones discurren,
se precipitan,
con el valor de las nubes y las tormentas.

Soy el recuerdo de alguien,
de muchas personas;
la intersección de dos calles,
que se vestían paralelas;
el mensajero y tu iris,
un patio azul, hoy que llueve
y nos sentamos al frente,
contra marea y distancia.
Soy quien ama las nubes,
el resplandor de las gotas,
en una tarde cualquiera.

Llego de lejos disperso,
juntando trizas de un alma
que siempre fue pasajera.
Hablo por voz de mi frente,
que sueña con encontrarte.
Hablo si paz, simplemente,
Hablo de cosas que han sido,
y te abro todas mis puertas.
Hablo al clamor de tus manos,
que se perciben presentes.

El porvenir es un tordo
que vuela sobre mi pecho.
El porvenir son tus brazos
que se acurrucan y brillan,
sobre la faz de mis ojos.
Y por fin, tal vez sea,
que desde siempre te espero.