viernes, 19 de julio de 2013

EN EL AIRE DE ESTA NOCHE

EN el viento se retuerce, el hilo del agua,
como una madeja que gira;
pasajera del andén
donde me siento y te espero.
En el aire se retuerce, el ojo de la luz,
como un telar que constela;
vestigio de un fuste
en el que tallo tu frente,
tu risa rota, sencilla.
 
Eres la pasión del viento,
el santuario del aire, el final de la madeja,
el silencio del andén, el amor de la luz,
el ojo del telar, el bramido del fuste
y el cometa que pasa,
sobre todas las vertientes.
 
 

EL MAR QUE NOS SEPARA

Y la noche, ávida de sueños,
se beberá el mar,
para que la distancia
no nos distancie,
para que podamos andar
sobre el tiempo azulado 
de los arrecifes
y tendernos, llenos de colores
al costado de un abismo.

Y la mañana, ávida de hojas,
se beberá el cielo,
para que el tiempo
no nos distancie,
para que podamos andar
sobre el musgo añejo
de los acantilados
y descansar por fin
en el vértice de un templo,
que seguramente sabremos construir.

Y por fin la tarde, ávida de voces,
abrirá su boca húmeda,
tragándose la voz de las metáforas

en el sintiempo de las grullas,
de los sauces
y las puertas, que se abisman,
hacia el centro de la isla,
donde yacen, sin distancia
tu humanidad y la mía.