martes, 23 de julio de 2013

PRIMERO, FUE LA MÚSICA

         EN la esencia de la música, posiblemente confluyen todas las emociones humanas. Es posible, a partir de una melodía, crear ambientes, imágenes que se proyectan en nuestro espectro pensante. Tal vez, lo más asombroso sea, que en cada uno de nosotros, la misma sucesión de sonidos produce imágenes diferentes.
¿Existirá algún artilugio que permita ver, como en el film de Wim Wenders, Hasta el fin del mundo, los sueños, pero aplicado a la música? Ojalá así sea.
 
         Al oír, por ejemplo, este Every Colur you are, pasan por mi mente miles de imágenes, difícilmente explicables mediante el lenguaje hablado o escrito, a sabiendas de que la palabra escrita es capaz de crear en el ser humano, imágenes irreproducibles a través del cine, por ejemplo. Buena muestra de esto son los fallidos intentos de llevar al cine, novelas como Cien Años de Soledad.
 
       Entonces pienso: primero, fue la música, ya que no precisa explicación alguna.



LA LUZ VERDADERA.

Por las paredes del recinto
entra 
la luz de tus caderas.

Estoy en el centro
de tu abismo luminoso
me visto de tu aroma,
que embriaga las nostalgias.

Estás en el centro
de mi aliento, atravesada.
Estás, recién llegada
a los temblores de mi asombro.

Por las ventanas de mi frente
entra
el sonido de tus pasos.

Estoy destinado a tu premura,
al racimo de tus pechos.
Estoy desterrado de razones,
inmerso en los rincones
de tu alma que estremece.


 

EL AMOR, LA LLUVIA

Las ramas del árbol se abren al cielo
como incontables brazos
de tersa bravura.

Dame la vertiente de tu voz
que hace arder al viento.
Dame la quietud de tu firmeza
que hace arder al tiempo.

El tiempo
que todo lo templa
como a un instrumento
me estampa de luces
de marcas y pliegues.
El tiempo
que labra las piedras
como un relojero
me talla los dedos
los gestos y el alma.

Estoy lleno sombras
y premuras
pero me quedo 
en el cuenco de tus ojos.
No quiero que te vayas
aunque la lluvia me acompañe
alguna tarde 
que aun no ha sucedido.