lunes, 11 de noviembre de 2013

SALVADORA

Y vendrá tu cuerpo tendido en el alba
a ungir mis plegarias de cálidas noches.
Y vendrán tus labios de exacta fragancia
a unir mis costados con hábiles manos.
Y vendrá también tu voz de cencerro
a urdir mis lamentos con mieles sombrías.
Y vendrá el sol de tus dientes,
la luna del pecho,
buscando tristezas para desterrarlas.
Y vendrá la mueca sensual de tu risa
a hinchar mis bodegas con almas plegadas.

Soy el tripulante de un barco que naufraga
en aguas violentas sin tregua posible,
salvo el crepúsculo, anclado a tus brazos.

ANDARES

EN su andar,
las hojas discurren por vértices ciegos,
por huecos sin rostro, por alas sin cielo.

En su andar,
las palabras abruman al ciego,
deslumbran al sabio y embrujan al tiempo.
En su andar, 
el placer desentierra diamantes,
abraza los cuerpos y estalla los versos.

En su andar,
la pasión se declara insalvable, 
plagada de nubes:
Y discurre,
y abruma,
y deslumbra,
y abrillanta la luz que retiene tu ombligo.