viernes, 13 de diciembre de 2013

EPIFANIA

Un fruto maduro, fulgente,
se precipita sobre el tapiz de las hojas,
constelando el torso dorado del día.
Un pájaro oscuro salta sobre las ramas
declamando una a una las frases del árbol
que es también oscuro.
La mirada de Ordiseo 

navega por el fuselaje 
quemado en otros tiempos,
por los hilos de la trama
que hoy su vientre protegen,
como una serpiente de sal
que viaja por el tiempo,
vestida de laureles
tiznada de madreselvas
y de bronce.

El CORAZON DE LA VIDA

Sentado en el brazo del río
dejo fluir el ámbar que crece
como una flor en mi frente.
Hundidos los pies 
en la fluidez marrón del cauce
añoro tu aroma que crece
como otra flor en mi espalda.
Acaso sea el murmullo del agua
que se interna  como el mar
en la caverna de mi sombra,
en la columna de mi risa;
acaso sea
que te espero desde siempre
como esos amantes fieles
que no cejan en su espera
ni en su empeño por estar
junto a este afluente marrón,
donde tu amor y mi amor
son una gota en el océano,
en el corazón latente de la vida.