miércoles, 22 de enero de 2014

CUERPO PRESENTE



LA orilla del río donde te refugias
está llena de brazos y de pliegues.

Es una orilla sin retorno
vestigial y miserable.
donde el agua transita 
su senda de chasquidos
deslizando azul sobre las piedras.

A veces tu cuerpo es sólo un brazo
una estación o una plegaría
donde me arrodillo
llorado por entero.

VERDADES



SABIENDO la verdad de los tormentos
me asomé al abismo
sin más armadura que mis labios
y sin más tiempo que el presente.

Tu frente florecía cada mañana
colgada del acento que rechina.

Con mis manos abría la puerta de tu cuerpo
sin temor al descuido
y sin conciencia.

Dentro de tu desnudez
mis ojos vestían tus pupilas
regaban tus gladiolos
y alzaban tus confines
tus mínimas ciudades.

Dentro y fuera de tu desnudez
mi voz era otra
consolada en el final de la paciencia.

Y así
sabiendo lo terrible del desprecio
lo infinito del asombro
me asomé a tu abismo
sin más verdad que alguna tuya.
Mujer de frente florecida
que anidas en mi sangre
te asomas al abismo
sin más verdad que alguna mía.

Todos mentimos
A fin de cuentas.

ENCUENTRO DE PIEDRAS



ERA tan grande el dolor
que la vanidad trepaba por todas las ventanas
diseminando el inmediato paso del amor al odio.

Era tan grande
tan desmedidamente grande el dolor
que llorar no era bastante
para ungir la grieta en el costado
arbolada de soledad
arrasada de engaño
truncada de frialdad
y anclada de fondo.

Detrás de cada trinchera una mujer.
Detrás de cada puerta una mujer y un hombre
que se aman a veces con desprecio.

Desde su vértice mudo
el hombre mira el vacío sideral
que asoma por los párpados de la mujer
tendida de espaldas
bajo el estertor de lo posible.

Tal vez en su desierto
ambos se preguntan dónde se quedó
el esqueleto florido del amor.
Dónde dejaron de hablar o reír
y dónde fue a parar cada palabra.

El desamor es un espejo sin respuesta.
cadena muda que rompe la alegría
lágrima vertida con cuidado.

El desamor declina
desciende hasta la marcha del olvido
Y allí por fin se queda.