martes, 28 de enero de 2014

UN ADIOS

DESDE un espacio sin margen,
desde un balcón inasible,
desde los ojos cerrados
y mis caricias cercanas,
yo te propongo sin tiempo
enarbolar mis deseos.
Desde el rincón de la hojas,
desde mi caja de sueños,
yo puedo ver tus rincones
y adivinar mi desdicha.

EL HIJO





























Y con el tiempo de las lluvias
su boca quería llorar de júbilo
asistir al entierro de las penas
y volar sobre la tierra.

Sus brazos sonaban a viento
a riendas enterradas
a cuerpos bañados por el valle
y a vientre de luna estremecida.

Niño mío que te vas
quién hablará por tus mejillas?
quién bordará mis ilusione?
y sobre todo
quién me verá con tus caricias?

Shhhhhhhhhhhhhhhh
no digas nada.
En los esteros anda el duende
con su sombrero milenario.