lunes, 3 de febrero de 2014

GORRIÓN

HIJO, gorrión,
pequeño sortilegio .
Compañero,
me dueles en el alma
cada vez que te despido.

Miro atento tu cabeza,
el pelo enmarañado,
las manos incipientes
y tu alma,
que corre por mis venas.

Yo también
estoy en tus arterias,
en medio de tus ojos
y en la gloria
de oírte cuando ríes,
pájaro salvaje
que anidas mi semblante.

En tu creciente estatura
yo envejezco.
Me lleno de señales
y dolores conocidos.
Esa es, la ley de la existencia,
inevitable, compañera de bitácoras
y andares.

Tal vez yo siempre
te soñé tal cual tu eres:
Retraído mazapán
que me acongojas con abrigo,
cuando tarde
por las noches,
yo te abrazo.

Por eso sé
de algún olvido inexistente,
aniquilado por tus dedos
que recorrieron mis facciones.



OTRO CIELO

Ah la hermosa voz
de tus manos corriendo 
por mi frente disgregada
naciendo de la espuma 
de las ramas cautelosas
a esta hora sin cordura.
Eres mi espejo predilecto
el amor de mis dialectos
el desenfreno de mi rabia
el rostro del deseo.
Eres mi espejo sin rayones
en el mercurio incandescente.
Eres el ser que me desquicia
que me alimenta de locura
y me sostiene desde el aire
cuando tus pies 
son barcos en mi pecho.
Eres el aire que respiro
la queja que me alivia
el vientre que desciende
y me abre tus compuertas.

EPIFANÍA DEL HERMANO

DESPUÉS de los años
en la boca de Febrero
volví a verte hermano mío.
 

Estabas descalzo
con rostro tendido
en medio del tiempo.

Yo sin embargo
después de surcar
el líquido tiempo
había envejecido
años lustros
eras completas.
Había ríos
afluentes bajo mis ojos
sombras resecas
y álamos.

Ahora hablas con voz caliza
con brazos de viento
y lengua de piedra.
No obstante el tiempo declamas
con rosas certeras:

-Hermano:
Tu cuerpo navega
dos ríos que se enfrentan-
-Tus pasos confluyen
en punto ninguno-
- Tus sueños se han roto
y te has extraviado-
-Haz que dialoguen tu norte y tu sur. Confluye tus ríos. Ordena tus pasos
y encuentra el espejo que sabe mirarte-