miércoles, 12 de febrero de 2014

GRACIAS

ATRAVESABAS la tarde
por una ciudad de naranjos
con una flor de seis cuerdas.

¿Lo recuerdas, padre?

Jamás quisiste quedarte
ni respetar los olvidos.
Pero dejaste las huellas
que siempre 
rondan mi frente.

PENA NIMIA

LA boca del diluvio
está repleta de hojarasca
de gorriones y de nubes.

Después
al morir la tormenta
las flores quedan tendidas
sin cuerpo que las cobije.

No te alejes.
Esta tempestad
ya devora muchas lunas
y se desgrana mi cuerpo
sin que tu amor lo refugie.

Mis ojos
mis vértebras
tienen raíces
que crecen sin presentarse
ante el portal de mis cuencas.

Hoy me visita la tarde
cegada sin firmamento
y me contagia de sombra
sin que yo pueda evitarlo.
Hoy solo cierro los ojos
y todo desaparece:

Las piedras
la madera y el agua
la claridad  de tu risa
y la visión de la muerte.




ENCONTRARSE

LA estrategia es
desaparecer sin dejar rastro
y brillar por ausencia.
Borrar las postales
el embellecido plumaje
de recuerdos aún candentes
el olor de los cuerpos
y el abismo de los besos.

LA forma de no estar ya más
es no emitir señales conocidas
ni adjetivos compartidos
en el lecho de la historia.
Es cerrar de un portazo la risa
volver a envejecer
desde el alba hasta la espalda
readmitiendo los dolores
y las trenzas del fracaso.

Tal vez 
mi cuerpo no me pertenece.
Ni mi voz
ni mis manos.
Tal vez me los prestaste al llegar
para verte completada
dándome la forma de tu abrazo
cada vez que tu respiras.

Por eso
quien brilla por ausencia
y destruye las postales
es un huérfano en sí mismo
que busca su cuerpo
su voz y sus manos
por las laderas del cosmos
hasta volver a encontrarse.