viernes, 21 de febrero de 2014

MÚSICA

 

BAJO despacio al margen del río. 
Me detengo y observo el viento 
entre los árboles enormes. 
Cierro los ojos, abro mi pecho
para que ninguna nota quede fuera. 

Ahora mismo soy la música, 
el viento y el canto eterno de los pájaros.

ECO DE ALAS

El invierno navega como un pájaro
a través del aire que gime en los almendros.
 

Mi corazón se esfuerza en oír sus estertores
pero el viento norte devora todo lo audible

y la fosa del yunque se queda a ciega.

Desprovisto de señales,
veo el papel sobre la mesa pobre,
las migas del fuego que agonizan
y la lengua que lame mi sombra.
 

No hay más amor ni más duda.
Solo queda el frío 

navegando mis recuerdos.

LA SENDA

EN ocasiones mi corazón muere de tristeza, 
de frio, de jazmines.
Mi palidez efímera se adhiere al liquen

y el invierno repta por las hojas. 

He venido desde lejos, 
tanto como he podido 
y ahora he de seguir 
la inefable senda de lo factible, 
donde hoy veo un gorrión muerto. 
Su cuerpo diminuto no es parte del aire, 
pero su agonía sigue oyéndose a lo lejos. 
Entonces sigo caminando.