viernes, 7 de marzo de 2014

LOS ADIOSES

EL plantó los árboles
de aquel espacio sin márgenes.
Cada palmo de tierra fue labrando
hasta que el sol
ya sólo entraba por retazos
constelando el suelo con estrellas.

Ante el altar del nuevo día
respiraba con fuerza por los poros
las pestañas y los ojos
sabiendo que en aquel lugar
ellos seguían esperando su llegada
sus pasos detenidos
y el vapor de su silbido.

A veces los adioses se apresuran
y dejan todo por el suelo:
Los buenos días
el pan o el aroma de la menta.


Él siempre supo que se iría
que dejaría por fin aquel idilio de cometas.
Él simplemente se embriagó de adiós
mirando atrás de tanto en tanto
para ver a su naranjos
a su parras y a sus templos.
Después de todo
todos somos parte del viento.





SIN RUMBO

EN el cuerpo húmedo del aire
una mariposa oscura busca mis pesares
las fobias altivas y los sollozos.

Vuela en círculos
sobre mi cabeza muda 
y se detiene
ante la rama seca de mi esperanza.

Sus alas ven en el aire
la música perdida
las rectas extraviadas
el corazón sin rumbo
la desazón y el viento
que anida en los dinteles
y en la tristeza.

He abierto las ventanas
por ver si quiere irse
pero su corazón no cesa
en darme los instantes
en descubrir el mármol
que lleva ya mi nombre.

Mariposa viajera
extensa compañera 
te vuelves a tu sitio
al cuerpo del verano
donde los cielos corren
detrás de las fronteras.