jueves, 20 de marzo de 2014

ABISMAL



Existirá por fin
el final de esta senda

donde acaba el deseo

y acaba todo.



Existirá sin duda

un lugar en tu vientre

que me hará perpetuo

me hará inmortal.



A tientas en la noche

preso del miedo recojo los escombros

fragmentos de los sueños

y orilla que despierta

con el clamor del alba.



Existirá por fin

el final de mi senda

donde me extinga el fuego

que abraza mi pasión.



Existirá sin duda

un lugar en tus hombros

que ya no podré ver

si no tengo palabras.



A tientas en la noche,

recojo mis escombros.

Los sueños ya se han ido

y las palabras gimen

al borde de tu abismo

todo amanecer

cuando abro los ojos.

EL NAUFRAGO


Estuvo perdido en su laberinto
durante muchos años,
hasta que sus pasos se convirtieron en pájaros,
y su mirada se hizo cuerpo de eternidad.


Y con la herida de cada amanecer
se preguntaba qué hacer,
cómo escapar de las sombras
o dormir sin tormentas.

Su corazón estuvo lleno de preguntas,
de mapas.
Se hizo trizas, hendido por las piedras,
cayendo sin asombro al cauce de la sangre.
 

También fue la casa de un amor sin aciertos,
lóbrego templo de un río que dormía.


Su corazón fue la puerta,
el tiempo las baldosas,
la nación de los árboles
y el canto de los gallos,
que se quedaron sin rostro
sin un mañana probable,
porque a la vuelta del tiempo
se fue quedando sin rimas,
sin notas

y se cerraron sus ojos.