domingo, 23 de marzo de 2014

MARFIL, Soneto 2

AMADO marfil, yo nací con tu verso.
Aprendí a navegar sin horizonte,
en la bóveda estrellada del frío
y crecí en el ámbar de tu rama, gorrión.

Gorrión-Marfil que me salvas del abismo,
pétalo umbrío, cuidas mis párpados,
cuando en sueños naufrago entre rayos
y mi pecho se abre en el silencio.

Eres muchas veces la razón, el gozo
de la vida en su plenitud prevista
en un futuro absorto, presagiado.

Eres el mañana que yo quiero así,
cuando cierro los ojos e imagino
que me recuerdas en el centro del amor. 

SONETO 1

TUS manos abren la turba de mi sangre,
para extraer el germen de las letras.
Tu río trenzado corre mi llanura
 y sin temor se despide del vértigo.

Llegas de un confín que desconozco, sí,
oliendo a enredaderas sin rubor,
a invisibles animales sin nación
y te siembras por entero de pasión.

Y yo, que amanezco antes que el sol,
me levanto sobre un pie que ya no es,
y abro las ventanas a los pájaros.

Por eso, en el jardín la luna yace
como un vientre de plata germinado
en la visión, que tiembla entre mis manos.






SUSPIRO

BAJO el hilo violeta 
del crepúsculo
respiras por mi piel
y enciendes mis arterias.

Siempre a esta hora
viajas por mi sangre 
y me dejas sin aliento
tendido en la nostalgia.

A este que soy 

vuelves por las tardes
con ansia de vagón

y siembras tus pasillos.
 

Acaso seas
la memoria de un ausente
la tardanza del amor

o una huella que no cesa. 

Así expiras tu dolor
de lanza amarillenta
debajo de mis ojos.