martes, 8 de abril de 2014

LUZ DE LAS PALABRAS

CAE un puñado de luz sobre la 
sombra que huye de tus manos.
Debajo, la sangre sulfura los
rincones del carbón, del sudor
y de los rastros del amor, que
amortajado se retuerce de placeres.

Ayer lloraban los sauces, los laureles,
las caracolas y los dientes,
claramente despegados de
la maquinaria del invierno,
que agoniza sin pretexto ni defensa .

Hoy es otro día y he llorado,
llovían mis ojos sobre un río
sin orillas, sin remanso.
Llovían mis manos, ungidas
de palabras y palabras...

LA ESPADA

Miles de palabras abren su boca
en mis manos, ansiosas por saltar al 
vértigo del cielo, recostado en
el reflejo violáceo de la tarde.
 

Miles de recuerdos abren ojos en
mi frente, ansiosos por actuar 
templando las palabras, que discurren
por la espalada, viajera de la sombra.
 

Cientos de cajones, de objetos sin
oficio, llenan los pasillos de la
casa que enloquece de vacío.

Es la hora de vestirse el cuerpo 

de esperanzas, hora de soñar con 
un mañana venturoso, de cerrar
y abrir los brazos para que el aire 

luzca breve en esta última morada.