jueves, 1 de mayo de 2014

PADRE EN EL VIENTO.

Abro las puertas al margen,
a los días remendados
y al pan endurecido del invierno.

Abro las manos del árbol
la lluvia de su escarcha
y el gris silencio de sus hojas.

Ha llegado el viento
con vientre de tormenta
y manos silbadoras,
con frente de araucaria
y ruido que estremece.

Padre, ha llegado el viento.
¿Lo oyes?
Te llama por las noches,
también de madrugada.
Tal vez porque tus manos
ya no hablan
y viene a rescatarlas.




EL BUEN DÍA

Tengo las manos vacías,
y un alma llena de lluvia,
de inquietas palabras .
 
Tengo los ojos que buscan,
la piel que consuela
y el cielo.
  
Las vertientes del alba
ríen con dientes violetas
y las piedras mueren 
acribilladas por el sol
verdugo de las frondas
y amante de las flores.