sábado, 25 de octubre de 2014

SOLEDADES

      POR la ventana que da al patio, se ven objetos que agonizan, raídos por el tiempo y la intemperie. Los ojos se inundan del vacío que ellos emanan. Hace tiempo que nadie los visita, salvo algún pájaro de brújula errada . Ellos me despiertan cada día, en el borde del abismo que golpea. Claman las manos, los brazos y los aventurados miembros de la sombra. Me he quedado solo en medio de esta nada y otra vez los golpes de la sangre, en mi frente, en mis frontales, diezmando mis defensas. A veces, uno está tan triste...

ADIÓS NOCTURNO

LA boca de la ciudad abre sus piernas, y miles de soledades se vierten por la noche. Noche de cuerpo gris, de pálida sombra amortajada. 
Yo desaparezco siempre en la misma ochava, en el mismo compás, y empiezo a morir de rabia, de sustento y desamor. 
Así, empiezo perdiendo lo que he amado: 
Tu sonrisa, tus vértebras y la marginal sagacidad de tu confianza. Y es que de esperar fui helecho de urgencias, tránsito de ansiedades y de espasmos. 

RESPIRO cada vez con más dificultad. Hay un cuerpo que me engulle, y un silencio que nunca se calla. Hay una estación que me espera y no llega, y un lugar para mis huesos.