viernes, 18 de diciembre de 2015

VISIONES


Soñar,
adentrándose en la fosa del tronco,
en la matriz ciega de su albura.
Soñar.
¿Qué más da?
De repente el cielo
huye de las sombras,
aunque las nubes así,
no lo permitan.


Anidado cielo
preñado de sombras
que descienden
por mis labios.
Ansiado cielo
que estalla,
que gira
sobre la copa de los álamos,
sobre las pisadas
que se pierden,
sin retorno,
en el sur del horizonte.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL ESPACIO DEL ADIOS

 A mi hija Allegra, fallecida a los 17 años, el 15 de noviembre de 2015

Pasa por el cielo
la dulce estridencia de tus labios,
la revolución de tus edades,
y la comarca diminuta
de tu infancia.
 

En mi dolor
me abrazo a tus cenizas,
a la certeza de saberte transformada, 

y me abnego a lo que habita
más allá de mis fronteras.
 

Soy, simplemente un hombre triste,
un vestigio gris
sentado en una silla.
Siempre, en la misma silla.
 

Pero tu no te detengas,
y respira la luz de tu tersura,
transita los umbrales del saber,
los gestos del mañana.
Porque tu y yo sabemos

que todo tiempo tiene un rostro,
y entre esos rostros esta el mio.


martes, 3 de noviembre de 2015

TU VUELO AL FIN



He muerto tantas veces
de tantas maneras diferentes,
que ya mis vidas no responden.
 

Llamo a sus puertas iracundas,
grito, lloro;
golpeo la frente del criterio
y regreso a las cumbres,
desde donde observo
la límpida nación del invierno
creciendo entre los huesos.

jueves, 29 de octubre de 2015

GUITARRA CIEGA

PARA qué vibrar la tensión del aire,
el desnudo cuerpo de las alas.
 

Los maderos: el arce y el cedro,
lloran, en el hueco gris de un árbol mudo,
de tensión ciega.
 

Brillan las falanges que duelen,
la tersura de las uñas, y la voz rota del que fue

y se dejó este mueble desarmado,
que por la noche lo espera,
por el alba lo espera,
y gime inerte en los latidos del día.
 

Yo te despedí un día,
aunque sé de tu nobleza.
Yo te blasfemé un día
aún sabiendo tus amores.
Te solté la mano

y fui el más gris de los hombres,
el arriero, la rueda que cruje.
 

Yo te alivié un día
Para no sufrir más.



A mi madre, en el día de su cumpleaños.

 

viernes, 28 de agosto de 2015

LOS ÁRBOLES QUE NUNCA,NADIE PLANTÓ

 Este poema es mi humilde homenaje a la inmensa prosa de Juan José Saer, escritor argentino nacido el 28 de junio de 1937 en Serodino, provincia de Santa Fe.





HOY quería escribir sobre las grullas que dispersan el cielo
en su huida hacia el silencio.
Pasan los corderos por senderos sin huella ni margen,
deshuesando el inefable destino de la herencia.
Wenceslao, inmerso en la hora sin sombra,regresa
con el alma dolorida al patio de su casa,
donde brillan los márgenes del río de espinazo marrón,
con sus hilos grisaseos que se dispersan hacia la orilla.
Ella, desprovista de rostro,revuelve el silencio
en una olla quemada por las ramas y las hojas secas,
que al caer, mataron su propia sombra.
Ahora, justo ahora, Wenceslao le pregunta:
-¿Querés un mate?-
Entonces él y los perros que miran el aire, con la mirada extraviada, no oyen más que el agua ancestral,construyendo y destruyendo,con el paso de las nubes,su espejo memorable.

Ahora todo vuelve en sí,
y se queda, irremediablemente, en silencio

sábado, 22 de agosto de 2015

EL ADIÓS Y EL REENCUENTRO

Madre MÍA, perdona mis silencios.
No intentes retener
esta gota que se agita.
Hoy me voy
y de verdad espero
oler tu pan, tu abrazo
que cobija
MADRE MÍA
me escuchas ya?

jueves, 20 de agosto de 2015

YO NO SÉ VIVIR



 Dedicado a los millones de seres que sufren depresión, ansiedad, o cualquier infamia vil, que no les deja respirar.


Yo no sé vivir,
si apenas en mi cráneo
contengo mis enceres,
las flores de mi mente
que quieren escapar.
 

Yo no sé vivir
ni ordenar ideas.
No sé apagar las luces
que mi ansiedad despierta
No sé, definitivamente
despertarme sin dolor.
 

¿Entonces, quién debió
enseñarme todas estas cosas?
 

¿A quién se le olvidó?

Yo soy
mi propia duda
que ataca mis costales,
mis ciénagas, mi sombra.
Ferreo bloque de fondeo

que no me deja andar.

Definitivamente yo,
no aprendí a vivir.


miércoles, 12 de agosto de 2015

RUMBO FIJO


 Han venido los animales oscuros
que huelen a lluvia y a monte desgajado.
Andan en silencio por mis ojos,
debajo de los cuales
envejezco sin retorno.
Ramas, hojas centenarias
se posan en mis hombros,
y en la vendimia cruel de tu distancia
abro la boca, ahogada por la sombra,
para que tu labio reinvente la locura.
 
Pero estoy inerte, desnudo
ante la soledad de mis uñas
que hoy, no tienen más destino
que el silencio del silicio.
 
Entonces, en la misma ochava
vuelvo a dejar la soledad
de mi memoria, junto a una flor
de crisantemo.
 
Entonces, los animales de la sombra
descienden por mis brazos
y empiezan a andar,
rumiando mis heridas.

lunes, 10 de agosto de 2015

EL PRISIONERO



A mi padre, Juan E. González

En algún lugar existe un muro
repleto de memoria.
Allí duerme el pan, con hambre
de palabras.
 

La mesa, los restos del otoño, 
y el padre no presente
que implora a su retoño:
 

-Hijo, préstame tus manos
para poder hablar-
 

-Déjame las llaves
de mi orgullosa muerte-
 

¿Para qué vivir sin poder gritar?
¿Para qué los ríos, o el árbol
de la lluvia?
¿Para qué la espuma, entre tanta muerte?
 

-Hijo, acaba tú
de liberar la sudestada.
Libera las majadas
que pastan en el sur,
enciende la esperanza
y déjame partir.
Mi labor,
ya se ha cumplido-



martes, 4 de agosto de 2015

LAS MANOS DE MI PADRE

 ¿Cree en la inspiración o en la disciplina, a la hora de escribir un poema?
- No creo para nada en la inspiración. El proceso creativo tiene que ver con las lecturas y la disciplina. Un poema, en mi caso, parte de un hecho que me conmueve, o de imágenes, que luego van conectándose con la realidad. Siempre digo y dije que la poesía es sinónimo de comunicación, lenguaje y escritura; la poesía tiene la capacidad de rescatarnos.

Fragmento de entrevista a Juan E. Gonzalez.

 
 LAS manos de mi padre ya no ven,
ni oyen el latido de su cuerpo.
Las manos de mi padre están ciegas,
sordas de dolor, 
de embriaguez sentimental
y de memoria.
Las manos de mi padre deambulan
por pasillos sin andén, 
por ventanas sin visión,
ensombrecidas por el musgo
y por las algas.
Estás, padre mío, perdido
en tu propio laberinto, diminuto
espacio de memoria,
donde guardas el recuerdo de los besos,
de alguna suavidad y de un gemido. 

Tristemente tus manos ven la luz
cuando tu no puedes verlas,
cuando tu árbol retorcido se evapora
en las madejas de la lluvia.
Ya no habrá más abrazos,
ni siquiera bendición
de tu mirada opaca, 
aún cómplice
de un esplendor que ya se fue.

Las manos de mi padre se callaron,
se fueron rodando desordenadamente
ante la implosión de sus tardanzas.
Entonces, cada perla, cada línea,
lo devuelve al universo de sus versos.

HORIZONTE

Mi piel, en silencio grita:
sácame de aquí.





EL hombre sesga su cuerpo, su cuello
que se adentra en el interior de su cráneo.
Levemente estira sus piernas para ver,
ver más allá de los railes que avanzan
desde el horizonte. 
Bello horizonte singular,
donde cada día guarda sus sueños,
las voces que lo visitan cada noche,
los recuerdos y el abdomen del amor. 

Pero hoy, implacablemente hoy,
no es capaz de ver nada, ni nadie.
No ve los ojos de su anhelo, 
no ve las alas del deseo, ni la torsión
de su cuello dolorido. No ve,
y esta imposibilidad recorre su sangre,
su dedal repleto de hojas secas,
que le duelen al partir.
Finalmente no hay más luz en sus ojos
y la sombra es el dolor,
dolor de perder la cordura, 
la agilidad en sus dedos, en su mente
que ya navega a ciegas,
en un barco que por fin,
asume su horizonte.

miércoles, 29 de julio de 2015

POESÍA GLOBAL

SUCEDIÓ que las piedras, arrastradas por las aguas, fueron tocándose los labios, amoldando sus formas al sonido primero del planeta.
Este, acaso fue el comienzo de toda musica posible.
Después, en el andén de un tiempo impreciso, la voz de los hombres fue integrándose en las hojas, en las perlas y su danza. FUE viajando desde el centro gutural, a un manto azul de cicatrices.
Y las voces fueron miles, miríadas verdes de sal, de versos,
en los que cada cual buscaba su voz verdadera;
encontrándola, no sin antes recorrer las traqueas oxidadas,
las vértebras del pan, o el lomo adverso de un cometa sobre el que viajan, dormidos:
Gongora,Wilde, Borges, y tantas gotas filosas
que forman este mar.

QUÍMICA DEL SER

ENCARAMADO
al borde de una sima profunda,
vuelvo a escuchar los graznidos de la sombra,
el crujir de la química que anida en mi sangre
con formas diversas:


Cápsulas, grageas.
Ninguna da consuelo,
ninguna da la paz.
Sólo amordazan el llanto,
la ausencia del amor.


DE pie, desde el otro lado,
el hijo mira sin pausa;
carga mi tristeza, con mi impaciencia de ser.
Pero también lleva flores en su dichoso cordal.

Entonces sonríe.
Y las plumas,
las plumas vuelven a andar.


viernes, 17 de julio de 2015

PERIFERIA

UN santuario de umbrales retuerce su espejo. 
Se disloca en el sudor de las flores, 
en la penumbra del asfaltado, y cae sin remedio, 
abriendo la boca.
Mientras, la raíz del cordón se aniquila sin más. 

Sin dejar espacio al compás del rencor. 
Mas allá 
están los árboles que nunca nadie plantó, 
asediados por el sol implacable, 
incansable, 
que como sima sin fondo se descuelga del cielo.
 

Entonces, la cribada luz
y las hojas hechas sombra,
se estrellan contra el suelo,

y mueren.

jueves, 16 de julio de 2015

TU SOMBRA

NO hables.
Cierra los ojos.

Yo estaré a tu lado,
para traerte
la falda del monte,
el canto del mirlo,
la huella del ámbar
y el eco del sueño.


CALLA
no transites mi dolor,
no abarques el rayo,
no escondas tu sombra.


Yo estaré a tu lado
para oír tu semblante,
para ver tus palabras
y soñar lo que anhelas.

NO hables.
Cierra los ojos,
que ya el alba
despunta su pubis.

jueves, 9 de julio de 2015

HUIR DE SOMBRAS

BAJO,
desciendo de las cumbres
sustentado por la frágil madera
de mis pies,
por mis exhaustas columnas.

Camino,
y mi país de sombras
aprende el lenguaje de la luz,
otra vez.
Se desatan las hojas,
otra vez,
los cantares del aire, del agua;
se desatan mis vértebras,
mis pesares ancianos
que regresan al color,
al cobijo de tus brazos blancos,
de tu pulmón que late
incansablemente,
sin decir palabra.
Y yo, 
acerco mis pabellones a tu pecho,
para oír
los hirientes pasos de la sombra,
que se retira,
una vez más a sus cuarteles,
ahuyentada por la luz
de tus entrañas
y tus ojos.

Cáceres, a 09 de julio de 2015

lunes, 15 de junio de 2015

AMORES PERROS

Porque te sigo buscando 
en el cuerpo de todas las mujeres 
y no estás, ya nunca estás.

Porque te quedas mis brazos 
en la sordidez DE LA PERIFERIA
mientras el eco de tu beso asola mis labios.

Porque ahora sé: 
Mis abrazos, mis labios, mis ojos y todas las miradas te pertenecían de forma tierna pero tormentosa.

Por eso te busco 
en el alarido brutal de la soledad, 
en las postales ajadas 
y entre las hojas 
de algún libro sin nombre.

Pero no estás. Ya nunca estás. 
Porque te arranqué 
de manera despiadada, irrefutable
y asolé tus labios 
y mordí tu risa y tu llanto
y te dejé a un lado, sin eco y sin mí.

A R.A.G.

EL SOL Y LA LUNA

TUS manos giran dispersas sobre el mármol de la plaza, a esta hora del verano en la que el sol se desgrana, como un torrente de magma, sobre esta parte del mundo, en la que sobran disculpas y se presienten tormentas.

El hacedor de palabras, hoy sólo pare tristezas, que sin asombro visible va entrelazando a las horas, a ver si cambian de estado. 

El hombre, diestro en el oficio de tallar plegarias, sabe desentrañar rostros de entre rebaños de piedra. Pero hoy, cuando otra vez el sol lo enmudece, sólo mastica y silaba, solo, mastica y se calla.

Por otra parte, tu rostro estampa las flores que flotan sobre la charca, aniquilando despacio los epitafios perdidos. Tu rostro es, en el centro, la conclusión de los vientos, el sueño de los sabios, ajenos, a pesar de su sapiencia, al aroma azul de tus pechos, a la ferocidad de tu risa o a la estridencia de tu sexo, que se extiende lentamente, como un animal, sobre la vera del tiempo, donde el sol se desgrana, sobre la luna y su manto.

A R.A.G

miércoles, 3 de junio de 2015

LOS AMANTES Y LAS CARTAS

Hoy te escribí. Tal vez lo necesitaba, o simplemente mi paso 
ciego me llevó al lugar vacío de tantas otras cartas. ¿Dónde 
estarán las palabras que alguna vez nos dijimos? Acaso 
eran todas, una a una, la cara noble de una mentira posible.

Por eso, hoy, no otro día (porque mañana te escribiría en 
tono de cansancio, en clave de tristeza) te escribí.
Después, la eternidad. 

Después de todo, me rescataste tantas veces de mi propia vida...

Pero las cartas, los amantes, se encogen de hombros ante 
la adversidad del sueño o las tormentas.

Ahora lo sé. Te quise en una dimensión que no figura en 
ningún mapa. 
Te quise de pie, sentado en el banco de una plaza, o 
abrazado a un cuerpo ausente. No obstante, haberte 
querido me vuelve a salvar de mi propia locura, 

DE ESA NACIÓN DESHABITADA, inmensa, en la que vives 
para siempre.

domingo, 31 de mayo de 2015

EL BUEN DOMINGO

BUENOS, 
amanecidos domingos al mundo.

En un instante, mis piernas,
cual columnas de tierra,
herguirán, de lleno mi torpeza.

Carlos,regresa hoy a Sarajevo, 
con apenas deseo, con deficiente
hilo de luz:
 Duro el trabajo en tierra diferente, hostil, donde aún resuenan los gritos de la guerra, el estruendo de millares de huesos, quebrándose al unísono. 

Inés dice que es bello, 
que le transmite paz 
y la incita a crear sus líneas finitas,
a pintar con la luz sobre el sensor
de su cámara incierta, 
morfologicamente creciente.

No los veía hace meses, y justamente ayer, al llegar y abrazarlos, un torrente de alegría entró por mi sangre. 
En este mundo globalizado, unido por el incesante dios de las injurias, comprimido en formato panorámico, otra vez las manadas tienen que moverse para sobrevivir y resistir. Ya no hay hemisferios. Los que vinimos a este, ahora abandonados por el estado del bienestar, regresamos algunos, al origen, para recuperar un algo, parecido a la ilusión. Unos se reintegran y otros se quedan en austral. En mi caso, a veces pienso en volver, porque una parte de mi vida se quedó alli, pero esa parte, se achica en proporción inversa a la de aqui. Llevo ya veinticuatro años y muchos versos paridos en España, aunque a veces, esté solo. Y qué decir del marginado, olvidado africano que cruza los desiertos para alcanzar la oscura sima de altamar, atormentandose, viviendo y muriendo indignamente, estafados por las mafias que a la deriva los dejan, flotando en el mar, ansiando llegar a países que no quieren recibirlos ni en postal. Todo se mueve, incluso lo único que el ser humano considera inamovible: la tierra. Todo cambia: el color de mi sonrisa, o el largo de mi frente. Por eso hoy me visita la verdad sin miramientos, y me lleva ante el espejo, y me interroga: ¿te ves, eres el cabecita negra de hace años? Yo le respondo que no y recibo un golpe en las costillas: mentiroso, dice la verdad. A veces te sabes austral y te mientes, desgraciado. Tus hijos son de aquí. Trajiste tu semilla a una madre española, mentiroso. Y tus hijos son raíz, de la que agarra por el alma.
¿Sos español, boludo? A veces, respondo ya sintiendo el golpe en el ombligo. Sí lo eres, no por sangre, mentiroso, pero en parte,  sí por alma. Mirate, infeliz: este país te salvó de la historia, te devolvió la voz que ahora dices, te acogió como a otro uno de sus hijos. Desagradecido, imperfectamente soberano de tu propia soberbia. Derrama tu sangre, tus cenizas en tu pueblo que ahora sufre, gimiendo de mentira y de dolor. Abre tu costal, afina los afectos y lucha junto a ese pueblo olvidado, de casi cinco mil almas,  que tanto te dio. Saluda a sus hombres y mujeres, ayuda a los tristes escritores de ladrillo. Te guste o no, eres parte ya de ellos, mentiroso desagradecido. 
Cansado, hastiado por mi ombligo, me siento en una silla desfondada y me pongo a recordar al poeta Juan GELMAN, también fallecido fuera de su patria. Cojo su libro. Se llama Mundar, vaya nombres, y releo por vez milquinientas el poema MI BUENOS AIRES QUERIDO. Entonces, la verdad, cansada regresa para despedirse y decir: lo ves? Ese poema, esa certeza y esa mentira, ese, sos vos.


EL CORDERO NO ES DE DONDE NACE, SI NO DE DONDE PACE.    Dicho popular español 

sábado, 30 de mayo de 2015

TODOS FUIMOS

HOY,
amanecí ya pasadas las tres madrugadas, 
suplicio de un sueño que huía de mi cuerpo. 
Yo, en lágrima roja, rezaba de dientes, pidiendo que vuelva, 
diciendo, que no habrá fragua mejor en mi mente, 
para templar sus proyectos futuros.

No escuchaba ya el sueño. 
En mí solamente restaba mirarlo de espaldas, 
mendigarle una brecha de pan de centeno.

A veces, en estas madrugadas, 
recibo al niño que fui, de mi cuerpo. 
El niño que llora, que gime en la noche, 
el niño del alba que espera a Morfeo.

Niño mío, niño azul de caprichos inmersos. 
Malcriado, decente, 
indebidamente de pie 
ante la puerta de alguna trinchera. 

Niño amado, amante, traidor, letrado en tropiezos.

¡Despierta ya, que el sol se aproxima!

¿Y hoy?

Pues hoy le toca un respiro,
un olvido anhelado
de todas sus muertes.

LA PAZ EN LA PIEDRA

EL centro de la piedra llora con manantiales dispersos.

El centro de la piedra, regresa del río hecha trizas,

retazos vestigiales del un tiempo que fue.


Mientras, la gota se abisma desde un hoja proada,

hasta alcanzar la turbia tersura del agua inminente.


¡He muerto tantas veces mientras la gota caía a su destino!

He sido piedra, lirón de madera, gorrión que no vuela 

por falta de paz y cuerda tranquila-

¡He muerto ya, tantas veces, Dios mío! ¡Calla!

¡Déjame dormir, y soñar en paz el futuro!

lunes, 18 de mayo de 2015

LEJANÍA

Yo me perdí un día
atormentado por el ruido
diseminado en la distancia,
intentando derramar de mi memoria
el líquido sonido de los sauces,
de los álamos, 
el  prístino zumbido del viento,
en la nación de las quebradas.

No fue posible. 
Me quedaría sin voz, 
sin manos.
Sin memoria.
¿Cuando volveré entonces?

Atahualpa, indígena en París me respondía: 

Tu que puedes, vuélvete, me dijo el río llorando.
Los cerros que tanto quieres, allá te están esperando.




domingo, 17 de mayo de 2015

AYER, LAS NUBES

El ceremonial paso de las nubes
ha imbuido la tarde de lienzos opacos
colgados del cielo
mecidos por el viento sudestal
que esta mañana era 
sólo un atisbo de la sombras
y ahora se muestra violento
paseante de hojas y ramas
volante de cuerpos que brillan.
Ayer mismo las majadas pastaban
rumiaban el polvo del paisaje sural.
Ayer mismo tu espada me dejaba sin lienzos
mudo
aparecido de remansos
que resbala con las hojas
y tropieza con estrellas.
Ayer mismo nos amábamos
de una manera comprensible
a las hojas a las luciérnagas.
Ayer mismo eras otra
diferente
y tu frente se vestía de girasoles verbados.
Ayer mismo era yo otro
diferente
y de mi frente las nubes
huían de forma dispersa
afable y cenital.
Ayer mismo era un día mejor
porque estabas
y hoy, hoy no estás.

Daniel Gonzalez Soria.
Abril de 2013


LAS VENAS ABIERTAS

MIS arterias bravas
se abren sobre un tapiz horizontal
en el centro de Numidia.

EL frontispicio agreste se ha partido,
por el centro mismo de su eje,
y la mujer descalza, vestigial, 
está pariendo un rayo, 
bajo la fronda del cielo,
desprovisto hoy de su corona.

ABRAZAMOS, tildamos la muerte,
los ríos del abismo, la nación
extrema de los cuerpos.
Cometemos siempre los mismos errores.
y volvemos a yacer sobre el tapiz
verticalmente, en el centro del desierto,
que nos parió bajó la fronda
del vacío.




DE RAYOS Y PASIONES

TODOS

alguna vez

morimos de PASIÓN

de invierno (morada del ganado de aliento visceral)

tambiénmorimos de silencio 

de negro y de bondad.

Morimos de torpeza 

cual piedras de cedrón.

Morimos de granate

de prosa o por amor.  

Así

partidos por el rayo

no hay más nada

más nada qué esperar.

sábado, 16 de mayo de 2015

EPIFANÍA

DETRÁS de tu imagen, se observa

un muro gris de brava textura.

Recorta el muro tu perfil de piel blanca

tu vestido, hecho de cuadros escoceses,

y la tersura de tu labio rojo.

Tus ojos, no miran el tiempo, no se fijan.

Tus ojos cuentan historias del tiempo,

crean micromundos y cometas

que resisten todas las edades, todo el día,

sin hablar.


A mi querida escritora y amiga Julia

domingo, 10 de mayo de 2015

LA CUERDA ROTA

RUEDA el viento tus valles
sin importar
si es de espaldas u ombligo.
Rueda entre los cardos
sobre las plumas de las águilas.
Una y otra vez
preciso
se descuelga de las piedras
que habitan en la altura
sembradas por las nubes
y el hielo de tus brazos
que agachados entran
en mi hogar hecho de barro
fragmentándose en el suelo
el los cuadros elocuentes.

ESTOY fragmentadamente solo
de los pies a la cabeza.
Estoy hecho río y maleza
atado el tronco a una cuerda
que cortaste hace ya tiempo.

¿Cómo se olvida el amor despellejado?
¿Cómo se cura una herida hecha de rayo y centella?

A VECES
con la locura y su aliento
detengo a la noche y su cuenco.
Y voy
lentamente soltando tu cuerda. 

martes, 5 de mayo de 2015

LA MUJER Y EL ALGARROBO

Foto: Sebastiao Salgado

INMERSO en el ombligo candente del verano,
hay un patio perfectamente rectangular, 
de tierra compactada por millones de pisadas.
ES el universo, patio-universo, 
patria de un Algarrobo bajo el cual, una mujer
indescifrable desgrana con sus dedos,
los haces de luz que se descuelgan de las ramas,
o las hojas.
Ella, en su sabiduría impecable del quebracho,
los fogones o las parras que dan sombra en
el verano, no alcanza a entender la naturaleza
de esos granos amarillos cual maíz,
que se vierten y a la vez, se escapan de sus dedos.

Todos los días, a la misma hora, se interna
bajo la sombra protectora del árbol,
poblada de millones de hendiduras,
nacida de la tierra compacta del patio, que también
cobija a incontables yuyos, malas hierbas
y árboles inmensos, que nunca plantó nadie.

Y sucede, que cuando ella frota yema contra yema,
percibe un calor que no emana de su cuerpo,
ni del patio, compactado por siglos de pisadas.
Es, por gracia de la magia o de la ciencia, 
el calor del sol, que morirá exactamente, 
ocho minutos antes que ella.
Pero en su mundo, repleto de universos y de estrellas,
nunca entrarán estas mágicas verdades,
que para ella, seguirán siendo un fragmento
inaccesible del espacio, del patio
y del árbol.


domingo, 3 de mayo de 2015

LAS MULETAS

HA llegado desde la calle, dejando el abrigo raído sobre un matorral de papeles ajados.
Sus párpados, apretados con rabia, vuelan cual linternas rotas, encendiendo y apagando la escasa luz de su casa, pobre casa blanca, que se perdió en la lejanía de quienes alguna vez la habitaron, en el eco descascarado sobre el suelo de baldosas rojas. 

Él, por fin se sienta en el sillón que está junto a la puerta de entrada. Es un sillón de estilo indescifrable, que huele a lluvia y a polvo de muchos lugares. Cierra los ojos, queriendo escuchar alguna muleta, pero sólo el silencio retumba en el latido sistólico de su pleamar sanguíneo. Antes tenía muchas. Hoy sólo alguna decora su frente, como un sello postal muy antiguo. Algunas tenían lacias melenas doradas, otras eran indomables, de un sólo cristal plano, que no veían más que hacía un costado, y también las tenía innobles. Las había dulces, como el pan de zapallo amarillo, como los besos que daba y nacían del torso de cada muleta. Eran tantas, que un día se olvidó de mecerlas, de regarlas o amarlas. Y el odio hizo nido en sus vientre, donde antes él las tocaba, sin saber o creer, que tanta muleta se vuelve de amnesia, se olvida de todo, de las direcciones postales, de los números de teléfono. El suyo. Entonces, de rodillas, lloró sobre los muebles, sobre el bosque de papeles ajados, sobre las rojas baldosas y sobre la herida imborrable de todo lo que se fue.
Él sabía, a veces la vida te despoja de los juegos, del espasmo ardiente, y de las mentiras. A veces la vida se sienta en el sillón de orejas raídas, a pensar, mientras él, se había quedado solo, para siempre. 

jueves, 23 de abril de 2015

TIERRA ADENTRO

Y desde las puertas de la primavera, toma envión el invierno, la falta de vos, y la distancia.
Hoy el sol emerge radiante desde este, y baña de sobrada vida a las hojas, que danzan sus pequeñas alegrías. La flor que se fue tangente al viento, era de un lapacho amarillo, con el rostro cubierto de lágrimas soleadas. Pero, a pesar de todo, yo sigo pensando, investigando la voz, el origen del marfil de mis errores. Me desnudo de sombras y te muestro lo que de bueno quedó tendido, como una sábana flameando en el viento. Intento hablar, decir, pero mi boca, mis dientes se han borrado, como tus oídos de nácar gastado en cada choque de las olas.
Las piedras entonces horadan el eje del tiempo, y vuelven a ser lo que algún día dejaron de ser.
Ahora duermo, o eso intento, tendido boca arriba, mirando el cielo sembrado de estrellas. Es el monte de quebrachos, el canto lejano de algún ave nocturna, una Charata quizá. Mientras, mis huesos descansan sobre un catre hecho con tientos de cuero, que huele a humo, a fuego desgastado. Hay tanta música en esta soledad, en este silencio nocturno del monte Santiagueño. Hay tantas fragancias, aletear de respiraciones, y árboles, que no son más que siluetas negras, dispersas por el patio que se enfrenta al rancho, que nadie, nunca sembró. Todo parece estar, ser como debería:

 El hombre que al alba se levanta, sale al patio rodeado de sus perros y se rasca la cabeza, mientras enciende un cigarro de chala.

No obstante soy el extranjero aquí, en este vergel de mi memoria, en el que quisiera renacer, antes de irme, quisiera ver, oír y sentir mi tierra, navegando por mi sangre.


domingo, 19 de abril de 2015

LOS SUEÑOS, LOS HIJOS.

Porque alguna vez soñé que todo era posible,
que la vida no acababa, a la vuelta de la esquina, 
y que un rubor, era inmortal.

Soñé que el cielo nos llegaría,
nos cubriría con su manto de locura, con estrellas
que agonizan hace siglos, cuando nosotros,
seguimos viviendo con retraso, con bravura
y con dolor, si el amor no nos toca,
con sus fémures rocosos, y su nácar de sonrisas.

Confieso a mano abierta, que he vivido, que he amado
muchas veces sin saberlo, que me han amado,
y que he llorado, ante la pura inmensidad de un solo gesto.

Pero me faltan cosa importantes: 
Un granado en mi frente,
una voz que me arrulle cuando tiemblo,
una linea ante el silencio, y un amor.

Y lo que más me entristece, es que yo, ya no veré
la tierra desde el cosmos. Pero tal vez, Allegra, Hernán,
mis dos eternidades que estarán, justo al marcharme,
quizá me hagan ver, la tierra en el espacio.

A mis hijos.


jueves, 16 de abril de 2015

JARDÍN DE LA REPÚBLICA



LA soledad nació en mayo, cuando era tripulante en el vientre de mi madre, en una ciudad de plazas vacías, sembrada de naranjos y mariposas limoneras, esas de alas enormes, negras con puntos amarillos. 
Y mientras yo crecía, el estado de latencia, de estar lejos, iba metiéndose en mi sangre, y la ciudad,de plazas cuadradas, guardaba la felicidad de los sauces llorones, de las araucaria, y las palmeras, preñadas de frutos amarillos.
Yo nací en una casa de barrio, donde en una esquina, aun para el ómnibus número cinco. Recuerdo los asientos desvencijados, la estructura inestable, el sonido de los hierros chocando entre sí, crujiendo. También, desde la esquina del chófer, venía, de una radio a transistores, la voz de Julio Sosa, o una cumbia de Avelino.
Después llegaron las fosas, la muerte, que hurgaba en los libros, en las estanterías, en los cajones, sembrando el miedo en silencio.
Un día me fui, lejos, sin billete de vuelta, para llover durante años, el tango del que emigra.
Cada día volvía a la Plaza San Martín, a la calle Bulnes y al ómnibus número cinco. Pero el tiempo doma la nostalgia, la reduce a viejas imágenes sin brillo. Entonces lo vi: un barco a lo lejos, o la estela blanca de un avión impactando en el cenit. Y pienso que regreso a la ciudad de plazas arboladas, de rostros conocidos y perros callejeros. Después de todo, allí nació mi soledad, mi madre y su perfil recto, dibujado sobre el cerro San Javier. 
Yo provengo de su vientre, de su luz y de sus sombras. Provengo del sur y sus ríos indomables. Tal vez, después de todo, deba reencontrarme con quien soy del otro lado, el que se quedó esperándome, en la Plaza Independencia.

MARIPOSAS VAN

EN el círculo del parque, en su espejo,
flotan, hendidas por el sol, millares 
de mariposas.

Alzo mis brazos, mi impaciencia y mi rostro,
para ver el tejido colorido, que sublima la razón
de la tarde, se abre paso con destreza,
ululando, palpitando, sobre el manto del cobalto.

Entonces me pregunto: ¿Serán libres?
¿O forman parte de una estrella lejana?
De una piedra milenaria, que arrastra las eras,
y orada el agua, el árbol de la lluvia.

Yo, en mi lejanía, no alcanzo a entenderlo.
¡Tanta simpleza entre colores y aleteos!
¡Tanto fregar mi rostro contra el cielo!
O el suelo, donde todos los árboles mueren,
unos, con más dignidad que otros.

A pesar de todo, sé que posees la llave-miel
de las mariposas, que entran en ti a ciertas horas
y te hacen renacer, en tu centro sin memoria.
Conoces su idioma, su boca indulgente.
Conoces el camino, la decepción y el dolor,
y también la dicha de sentirlas muy adentro,
cuando por fin se liberan y atan cabos,
enamorándote otra vez, de la distancia.