jueves, 23 de abril de 2015

TIERRA ADENTRO

Y desde las puertas de la primavera, toma envión el invierno, la falta de vos, y la distancia.
Hoy el sol emerge radiante desde este, y baña de sobrada vida a las hojas, que danzan sus pequeñas alegrías. La flor que se fue tangente al viento, era de un lapacho amarillo, con el rostro cubierto de lágrimas soleadas. Pero, a pesar de todo, yo sigo pensando, investigando la voz, el origen del marfil de mis errores. Me desnudo de sombras y te muestro lo que de bueno quedó tendido, como una sábana flameando en el viento. Intento hablar, decir, pero mi boca, mis dientes se han borrado, como tus oídos de nácar gastado en cada choque de las olas.
Las piedras entonces horadan el eje del tiempo, y vuelven a ser lo que algún día dejaron de ser.
Ahora duermo, o eso intento, tendido boca arriba, mirando el cielo sembrado de estrellas. Es el monte de quebrachos, el canto lejano de algún ave nocturna, una Charata quizá. Mientras, mis huesos descansan sobre un catre hecho con tientos de cuero, que huele a humo, a fuego desgastado. Hay tanta música en esta soledad, en este silencio nocturno del monte Santiagueño. Hay tantas fragancias, aletear de respiraciones, y árboles, que no son más que siluetas negras, dispersas por el patio que se enfrenta al rancho, que nadie, nunca sembró. Todo parece estar, ser como debería:

 El hombre que al alba se levanta, sale al patio rodeado de sus perros y se rasca la cabeza, mientras enciende un cigarro de chala.

No obstante soy el extranjero aquí, en este vergel de mi memoria, en el que quisiera renacer, antes de irme, quisiera ver, oír y sentir mi tierra, navegando por mi sangre.


domingo, 19 de abril de 2015

LOS SUEÑOS, LOS HIJOS.

Porque alguna vez soñé que todo era posible,
que la vida no acababa, a la vuelta de la esquina, 
y que un rubor, era inmortal.

Soñé que el cielo nos llegaría,
nos cubriría con su manto de locura, con estrellas
que agonizan hace siglos, cuando nosotros,
seguimos viviendo con retraso, con bravura
y con dolor, si el amor no nos toca,
con sus fémures rocosos, y su nácar de sonrisas.

Confieso a mano abierta, que he vivido, que he amado
muchas veces sin saberlo, que me han amado,
y que he llorado, ante la pura inmensidad de un solo gesto.

Pero me faltan cosa importantes: 
Un granado en mi frente,
una voz que me arrulle cuando tiemblo,
una linea ante el silencio, y un amor.

Y lo que más me entristece, es que yo, ya no veré
la tierra desde el cosmos. Pero tal vez, Allegra, Hernán,
mis dos eternidades que estarán, justo al marcharme,
quizá me hagan ver, la tierra en el espacio.

A mis hijos.


jueves, 16 de abril de 2015

JARDÍN DE LA REPÚBLICA



LA soledad nació en mayo, cuando era tripulante en el vientre de mi madre, en una ciudad de plazas vacías, sembrada de naranjos y mariposas limoneras, esas de alas enormes, negras con puntos amarillos. 
Y mientras yo crecía, el estado de latencia, de estar lejos, iba metiéndose en mi sangre, y la ciudad,de plazas cuadradas, guardaba la felicidad de los sauces llorones, de las araucaria, y las palmeras, preñadas de frutos amarillos.
Yo nací en una casa de barrio, donde en una esquina, aun para el ómnibus número cinco. Recuerdo los asientos desvencijados, la estructura inestable, el sonido de los hierros chocando entre sí, crujiendo. También, desde la esquina del chófer, venía, de una radio a transistores, la voz de Julio Sosa, o una cumbia de Avelino.
Después llegaron las fosas, la muerte, que hurgaba en los libros, en las estanterías, en los cajones, sembrando el miedo en silencio.
Un día me fui, lejos, sin billete de vuelta, para llover durante años, el tango del que emigra.
Cada día volvía a la Plaza San Martín, a la calle Bulnes y al ómnibus número cinco. Pero el tiempo doma la nostalgia, la reduce a viejas imágenes sin brillo. Entonces lo vi: un barco a lo lejos, o la estela blanca de un avión impactando en el cenit. Y pienso que regreso a la ciudad de plazas arboladas, de rostros conocidos y perros callejeros. Después de todo, allí nació mi soledad, mi madre y su perfil recto, dibujado sobre el cerro San Javier. 
Yo provengo de su vientre, de su luz y de sus sombras. Provengo del sur y sus ríos indomables. Tal vez, después de todo, deba reencontrarme con quien soy del otro lado, el que se quedó esperándome, en la Plaza Independencia.

MARIPOSAS VAN

EN el círculo del parque, en su espejo,
flotan, hendidas por el sol, millares 
de mariposas.

Alzo mis brazos, mi impaciencia y mi rostro,
para ver el tejido colorido, que sublima la razón
de la tarde, se abre paso con destreza,
ululando, palpitando, sobre el manto del cobalto.

Entonces me pregunto: ¿Serán libres?
¿O forman parte de una estrella lejana?
De una piedra milenaria, que arrastra las eras,
y orada el agua, el árbol de la lluvia.

Yo, en mi lejanía, no alcanzo a entenderlo.
¡Tanta simpleza entre colores y aleteos!
¡Tanto fregar mi rostro contra el cielo!
O el suelo, donde todos los árboles mueren,
unos, con más dignidad que otros.

A pesar de todo, sé que posees la llave-miel
de las mariposas, que entran en ti a ciertas horas
y te hacen renacer, en tu centro sin memoria.
Conoces su idioma, su boca indulgente.
Conoces el camino, la decepción y el dolor,
y también la dicha de sentirlas muy adentro,
cuando por fin se liberan y atan cabos,
enamorándote otra vez, de la distancia.

martes, 14 de abril de 2015

EL LLAMADO DEL VERBO

Y del Norte vinieron las aves oscuras,
preñadas de incertidumbre y deseo,
germinando eternidades, 
ardiendo en el fuego 
de húmeros, que se buscan
día y noche, 
en la sombra de la duda.

Y del sur Austral subía mi acento,
con uñas de coatíes y cóndores.

Y de tu sur, llegaban palabras precisas. 
Un idioma que contiene tu cuerpo,
tus imágenes, tus abalorios y tormentas.
Lo desgrana como a una mazorca,
y lo rescata, de la umbría sal del invierno.

Ahora, estoy sentado en el centro del patio
y observo mi sombra, la masa de los sauces
que lloran sobre el río, entre mis dientes
y señales. 

Observo, luego cierro los ojos,
y tu afectuosa duda llega con las aves del Norte, 
con su corazón disperso en tus labios, 
en el pedernal oscuro de tu sexo,
entre tus cejas,
tendiendo el velamen del sueño
que puede ser árbol,
o sólo, otro espejismo.

A mi amiga y escritora 

domingo, 12 de abril de 2015

RESPUESTAS

ME pregunto, quién mira la vida de frente, cada día.
Quién amanece, se viste y sonríe ante el espejo,
que sólo dice mentiras, en su idioma hecho de instantes,
de segundos y partidas.
Me pregunto cada día, donde quedaron los reflejos,
las esquirlas del amor, los brazos continentes,
y las rendijas del abismo, donde guardé mi memoria.







jueves, 9 de abril de 2015

VOS, TERCIOPELO

EN un instante cerraré mis párpados, dejaré mi dermis a un lado. Mi rostro plegado en una silla, y mis manos sobre un lienzo.

En un momento reduciré el todo a silencio. Silencio embrionario desde el que emerge el sonido terciopelo de tu voz.
Todo se ausenta ahora mismo: la estancia, los muebles raídos, los espejos que fluyen, en la bruma de los años y el silencio.

Escucho latente, el hilo firme de tus claves, la levedad de un discurso sin retorno, que se incrusta en mis sentidos, en el mismo centro de mi ser-corazón, aluvión de sensaciones cuyos nombre desconozco.
Ahora mismo, tu voz es el tiempo indefinido, que cruje y se retuerce, como un pez fuera del agua.

Ahora acuden animales, que con suavidad desbrozan, la bruma de tus letras. Cada palmo de palabra retumba en mi ser, en el liquen del alba, en el sol que asciende con premura, para descubrir tu brevedad, la sola realidad de tu pigmento, terciopelo-voz, vos-terciopelo, desde lejos, en mi centro.


A mi amiga y escritora, J.N.M

GUITARRA Y SILENCIO




HOY LLUEVE

Llueve silencio sobre el ABETO,

sobre los bordones que no vibran.

Sólo gimen en mi tórax, 

en mis hombros que tiemblan, 

prisioneros de la nada, sin aliento.



HAY QUE RESISTIR. 

Resistir al rostro de la soledad,

al polvo estelar de los inviernos,

a la desesperanza 

que llora en nuestros cuerpos.

Diminutos cuerpos, de arcilla y esparto.


Y sigue el silencio impasible,

lloviendo sobre el ABETO,

Sobre el PALO DE ROSA y el ÉBANO.


Y yo, también lluevo entre mis dedos,

En mis párpados ungidos de dolor,

lluevo de espaldas al destino,

y ya no pienso nada, porque mi sentir

se fue por el aire, siguiendo un acorde,

una escala natural, y mi memoria.

martes, 7 de abril de 2015

VIENTO TRANSMUTADO

ELEVO la mirada y transmuto en halcón.

Observo los pliegues, 

los mares ausentes de la tierra,

los engranajes del último progreso

trazado por los hombres.

Siento en mis alas, 

el bramido de la tráquea del viento.

Siento el aliento de la libertad,

la estación en la que no pasan trenes.

EL devenir próximo del cosmos

consuela mi consciencia 

de la tierra y sus raíces,

el paso incansable del tiempo,

que horada los cerros, las piedras

que nacieron hace siglos,

y mi frente.

Desciendo, y vuelvo a transmutar en calavera,

en alguien que no reconozco, 

que fue alguna vez fluido de entrañas

y alegría.

Pero mi sombra se fue por el aire,

y me privilegia, de tarde en tarde,

con la magia de mis alas.

Sólo entonces soy libre. HE llegado.




















Levanto la mirada y transmuto en halcón.


Observó los pliegues, los mares ausentes en la tierra, los engranajes del progreso último. Siento en mis alas el la tráquea del viento. Por fin, soy libre, o algo parecido. Por fin

lunes, 6 de abril de 2015

VÉRTIGO Y ESPERA.

EL Vértigo, materializado en pájaros negros, azules o blancos, se abisma, y cubre todo el cielo,
la tierra, transitada por las máquinas del hombre.

EL vértigo, se estrella contra el cielo, 
que no acaba en ningún sitio, sólo gira en la red
universal del pensamiento, del frío destino
de los que han enloquecido en la salvación
de las nubes, que pasan y pasan, recias,
impregnadas de sal, de maleza y hojarasca.

A veces, pienso, pienso circularmente,
en la bendición de la locura, del no saber
ni recordar más, las heridas de mi cuerpo,
la mutilada piel de mi memoria,
que hoy, ante el vértigo, quisiera perder,
sin remedio.

Entonces muchos rostros me observan,
acongojados por el vértigo y mi lente.
Soy, tal vez, el portador de algún mensaje,
el triste afecto sin amores, la maldición
de alguna gema, que se entierra en la garganta.
Uno, a pecho abierto, sufre de cansancio,
de sulfuro pretérito, de solo estar, sin habitar
en otro cuerpo, aunque alguien, día y noche,
llore en mí sin remediarlo, sin dignidad
llora en mi, y me dispersa en la muerte
que se acerca lenta, en compás interminable,

Tal vez, quien llora soy yo, 
despojado de mi dermis, del frío, y por fin
de la nostalgia. De la tristeza y el pasado.
El futuro es la daga, que por fin,
redondeará por mis entrañas.
Entonces, me siento a esperarte.


viernes, 3 de abril de 2015

EXISTIR EN LA TRISTEZA

TIENDEN las mujeres, los hombres, 
sus extremidades hacia el centro, 

que emite, miríadas de llanto.

UNOS temen al miedo
y se esconden en la penumbra del día.
El cardo está en sus pensamientos,
en la devoción al dolor.

Por no soñar prescinden de dormir,
toda la noche con los párpados cerrados,
girando en bitácoras que esplenden
en el centro de la nada.

A veces, uno se levanta y grita:
¡Ya está bien, tanto sufrir,
presos del rencor,la soledad y la tristeza
Ya está bien¡

Después, busca la boca sin fondo,
y se pierde, desaparece, para siempre.
¿Será, acaso este el final de su dolor?
Eso nadie lo sabe, por ventura o por desgracia

Daniel Gonzalez Soria

miércoles, 1 de abril de 2015

PARA VOS Y TUS VIAJES

EMPIEZO a escribirte, 
desde el vacío que ha dejado 
el discurso de tus viajes:

Amada pasajera, alguna vez te esperaba,
con la felicidad de los naranjos, 
y la embriaguez de los azahares.

Hoy, sólo me queda
el mutismo de tu calle,
la membranza de los cuerpos
que dialogan con su lengua silenciosa.
Lengua contra lengua, 
mediterránea la tuya,
transatlántica la mía.

Imagino, por desgracia, 
que en el dorsal del tiempo, 
viviremos el olvido
y no seremos más que un recuerdo turbulento, sublimado, 
aunque algún poeta afirmaba,
que tal cosa no existe.

EL olvido, o su ausencia, me provocan
un estado dislocado, donde flotan
los fantasmas, las pasiones, día y noche,
noche y día, dentro del círculo invisible
de mis ojos, 
que hoy ven el todo en grises.

Así, frente al muro del espejo, 
me estiro para ver el otro lado, 
donde hay rostros sin semblante,
manos, fémures torcidos. 
También, de noche se oyen trenes,
gemidos, y el corazón de la ciudad,
hendido, masacrado por los duelos
de los que han enloquecido.

¿Será la locura el centro del discurso, 
el lecho del descanso?
¿O será, ese infierno tan temido:
la soledad de vos, de tu acento,
y la huida que has plasmado?

Entonces pienso, 
intento recordar esos versos
que decían: 

"Las paredes se van,

queda la noche.

Las nostalgias se van,

no queda nada"