domingo, 31 de mayo de 2015

EL BUEN DOMINGO

BUENOS, 
amanecidos domingos al mundo.

En un instante, mis piernas,
cual columnas de tierra,
herguirán, de lleno mi torpeza.

Carlos,regresa hoy a Sarajevo, 
con apenas deseo, con deficiente
hilo de luz:
 Duro el trabajo en tierra diferente, hostil, donde aún resuenan los gritos de la guerra, el estruendo de millares de huesos, quebrándose al unísono. 

Inés dice que es bello, 
que le transmite paz 
y la incita a crear sus líneas finitas,
a pintar con la luz sobre el sensor
de su cámara incierta, 
morfologicamente creciente.

No los veía hace meses, y justamente ayer, al llegar y abrazarlos, un torrente de alegría entró por mi sangre. 
En este mundo globalizado, unido por el incesante dios de las injurias, comprimido en formato panorámico, otra vez las manadas tienen que moverse para sobrevivir y resistir. Ya no hay hemisferios. Los que vinimos a este, ahora abandonados por el estado del bienestar, regresamos algunos, al origen, para recuperar un algo, parecido a la ilusión. Unos se reintegran y otros se quedan en austral. En mi caso, a veces pienso en volver, porque una parte de mi vida se quedó alli, pero esa parte, se achica en proporción inversa a la de aqui. Llevo ya veinticuatro años y muchos versos paridos en España, aunque a veces, esté solo. Y qué decir del marginado, olvidado africano que cruza los desiertos para alcanzar la oscura sima de altamar, atormentandose, viviendo y muriendo indignamente, estafados por las mafias que a la deriva los dejan, flotando en el mar, ansiando llegar a países que no quieren recibirlos ni en postal. Todo se mueve, incluso lo único que el ser humano considera inamovible: la tierra. Todo cambia: el color de mi sonrisa, o el largo de mi frente. Por eso hoy me visita la verdad sin miramientos, y me lleva ante el espejo, y me interroga: ¿te ves, eres el cabecita negra de hace años? Yo le respondo que no y recibo un golpe en las costillas: mentiroso, dice la verdad. A veces te sabes austral y te mientes, desgraciado. Tus hijos son de aquí. Trajiste tu semilla a una madre española, mentiroso. Y tus hijos son raíz, de la que agarra por el alma.
¿Sos español, boludo? A veces, respondo ya sintiendo el golpe en el ombligo. Sí lo eres, no por sangre, mentiroso, pero en parte,  sí por alma. Mirate, infeliz: este país te salvó de la historia, te devolvió la voz que ahora dices, te acogió como a otro uno de sus hijos. Desagradecido, imperfectamente soberano de tu propia soberbia. Derrama tu sangre, tus cenizas en tu pueblo que ahora sufre, gimiendo de mentira y de dolor. Abre tu costal, afina los afectos y lucha junto a ese pueblo olvidado, de casi cinco mil almas,  que tanto te dio. Saluda a sus hombres y mujeres, ayuda a los tristes escritores de ladrillo. Te guste o no, eres parte ya de ellos, mentiroso desagradecido. 
Cansado, hastiado por mi ombligo, me siento en una silla desfondada y me pongo a recordar al poeta Juan GELMAN, también fallecido fuera de su patria. Cojo su libro. Se llama Mundar, vaya nombres, y releo por vez milquinientas el poema MI BUENOS AIRES QUERIDO. Entonces, la verdad, cansada regresa para despedirse y decir: lo ves? Ese poema, esa certeza y esa mentira, ese, sos vos.


EL CORDERO NO ES DE DONDE NACE, SI NO DE DONDE PACE.    Dicho popular español 

sábado, 30 de mayo de 2015

TODOS FUIMOS

HOY,
amanecí ya pasadas las tres madrugadas, 
suplicio de un sueño que huía de mi cuerpo. 
Yo, en lágrima roja, rezaba de dientes, pidiendo que vuelva, 
diciendo, que no habrá fragua mejor en mi mente, 
para templar sus proyectos futuros.

No escuchaba ya el sueño. 
En mí solamente restaba mirarlo de espaldas, 
mendigarle una brecha de pan de centeno.

A veces, en estas madrugadas, 
recibo al niño que fui, de mi cuerpo. 
El niño que llora, que gime en la noche, 
el niño del alba que espera a Morfeo.

Niño mío, niño azul de caprichos inmersos. 
Malcriado, decente, 
indebidamente de pie 
ante la puerta de alguna trinchera. 

Niño amado, amante, traidor, letrado en tropiezos.

¡Despierta ya, que el sol se aproxima!

¿Y hoy?

Pues hoy le toca un respiro,
un olvido anhelado
de todas sus muertes.

LA PAZ EN LA PIEDRA

EL centro de la piedra llora con manantiales dispersos.

El centro de la piedra, regresa del río hecha trizas,

retazos vestigiales del un tiempo que fue.


Mientras, la gota se abisma desde un hoja proada,

hasta alcanzar la turbia tersura del agua inminente.


¡He muerto tantas veces mientras la gota caía a su destino!

He sido piedra, lirón de madera, gorrión que no vuela 

por falta de paz y cuerda tranquila-

¡He muerto ya, tantas veces, Dios mío! ¡Calla!

¡Déjame dormir, y soñar en paz el futuro!

lunes, 18 de mayo de 2015

LEJANÍA

Yo me perdí un día
atormentado por el ruido
diseminado en la distancia,
intentando derramar de mi memoria
el líquido sonido de los sauces,
de los álamos, 
el  prístino zumbido del viento,
en la nación de las quebradas.

No fue posible. 
Me quedaría sin voz, 
sin manos.
Sin memoria.
¿Cuando volveré entonces?

Atahualpa, indígena en París me respondía: 

Tu que puedes, vuélvete, me dijo el río llorando.
Los cerros que tanto quieres, allá te están esperando.




domingo, 17 de mayo de 2015

AYER, LAS NUBES

El ceremonial paso de las nubes
ha imbuido la tarde de lienzos opacos
colgados del cielo
mecidos por el viento sudestal
que esta mañana era 
sólo un atisbo de la sombras
y ahora se muestra violento
paseante de hojas y ramas
volante de cuerpos que brillan.
Ayer mismo las majadas pastaban
rumiaban el polvo del paisaje sural.
Ayer mismo tu espada me dejaba sin lienzos
mudo
aparecido de remansos
que resbala con las hojas
y tropieza con estrellas.
Ayer mismo nos amábamos
de una manera comprensible
a las hojas a las luciérnagas.
Ayer mismo eras otra
diferente
y tu frente se vestía de girasoles verbados.
Ayer mismo era yo otro
diferente
y de mi frente las nubes
huían de forma dispersa
afable y cenital.
Ayer mismo era un día mejor
porque estabas
y hoy, hoy no estás.

Daniel Gonzalez Soria.
Abril de 2013


LAS VENAS ABIERTAS

MIS arterias bravas
se abren sobre un tapiz horizontal
en el centro de Numidia.

EL frontispicio agreste se ha partido,
por el centro mismo de su eje,
y la mujer descalza, vestigial, 
está pariendo un rayo, 
bajo la fronda del cielo,
desprovisto hoy de su corona.

ABRAZAMOS, tildamos la muerte,
los ríos del abismo, la nación
extrema de los cuerpos.
Cometemos siempre los mismos errores.
y volvemos a yacer sobre el tapiz
verticalmente, en el centro del desierto,
que nos parió bajó la fronda
del vacío.




DE RAYOS Y PASIONES

TODOS

alguna vez

morimos de PASIÓN

de invierno (morada del ganado de aliento visceral)

tambiénmorimos de silencio 

de negro y de bondad.

Morimos de torpeza 

cual piedras de cedrón.

Morimos de granate

de prosa o por amor.  

Así

partidos por el rayo

no hay más nada

más nada qué esperar.

sábado, 16 de mayo de 2015

EPIFANÍA

DETRÁS de tu imagen, se observa

un muro gris de brava textura.

Recorta el muro tu perfil de piel blanca

tu vestido, hecho de cuadros escoceses,

y la tersura de tu labio rojo.

Tus ojos, no miran el tiempo, no se fijan.

Tus ojos cuentan historias del tiempo,

crean micromundos y cometas

que resisten todas las edades, todo el día,

sin hablar.


A mi querida escritora y amiga Julia

domingo, 10 de mayo de 2015

LA CUERDA ROTA

RUEDA el viento tus valles
sin importar
si es de espaldas u ombligo.
Rueda entre los cardos
sobre las plumas de las águilas.
Una y otra vez
preciso
se descuelga de las piedras
que habitan en la altura
sembradas por las nubes
y el hielo de tus brazos
que agachados entran
en mi hogar hecho de barro
fragmentándose en el suelo
el los cuadros elocuentes.

ESTOY fragmentadamente solo
de los pies a la cabeza.
Estoy hecho río y maleza
atado el tronco a una cuerda
que cortaste hace ya tiempo.

¿Cómo se olvida el amor despellejado?
¿Cómo se cura una herida hecha de rayo y centella?

A VECES
con la locura y su aliento
detengo a la noche y su cuenco.
Y voy
lentamente soltando tu cuerda. 

martes, 5 de mayo de 2015

LA MUJER Y EL ALGARROBO

Foto: Sebastiao Salgado

INMERSO en el ombligo candente del verano,
hay un patio perfectamente rectangular, 
de tierra compactada por millones de pisadas.
ES el universo, patio-universo, 
patria de un Algarrobo bajo el cual, una mujer
indescifrable desgrana con sus dedos,
los haces de luz que se descuelgan de las ramas,
o las hojas.
Ella, en su sabiduría impecable del quebracho,
los fogones o las parras que dan sombra en
el verano, no alcanza a entender la naturaleza
de esos granos amarillos cual maíz,
que se vierten y a la vez, se escapan de sus dedos.

Todos los días, a la misma hora, se interna
bajo la sombra protectora del árbol,
poblada de millones de hendiduras,
nacida de la tierra compacta del patio, que también
cobija a incontables yuyos, malas hierbas
y árboles inmensos, que nunca plantó nadie.

Y sucede, que cuando ella frota yema contra yema,
percibe un calor que no emana de su cuerpo,
ni del patio, compactado por siglos de pisadas.
Es, por gracia de la magia o de la ciencia, 
el calor del sol, que morirá exactamente, 
ocho minutos antes que ella.
Pero en su mundo, repleto de universos y de estrellas,
nunca entrarán estas mágicas verdades,
que para ella, seguirán siendo un fragmento
inaccesible del espacio, del patio
y del árbol.


domingo, 3 de mayo de 2015

LAS MULETAS

HA llegado desde la calle, dejando el abrigo raído sobre un matorral de papeles ajados.
Sus párpados, apretados con rabia, vuelan cual linternas rotas, encendiendo y apagando la escasa luz de su casa, pobre casa blanca, que se perdió en la lejanía de quienes alguna vez la habitaron, en el eco descascarado sobre el suelo de baldosas rojas. 

Él, por fin se sienta en el sillón que está junto a la puerta de entrada. Es un sillón de estilo indescifrable, que huele a lluvia y a polvo de muchos lugares. Cierra los ojos, queriendo escuchar alguna muleta, pero sólo el silencio retumba en el latido sistólico de su pleamar sanguíneo. Antes tenía muchas. Hoy sólo alguna decora su frente, como un sello postal muy antiguo. Algunas tenían lacias melenas doradas, otras eran indomables, de un sólo cristal plano, que no veían más que hacía un costado, y también las tenía innobles. Las había dulces, como el pan de zapallo amarillo, como los besos que daba y nacían del torso de cada muleta. Eran tantas, que un día se olvidó de mecerlas, de regarlas o amarlas. Y el odio hizo nido en sus vientre, donde antes él las tocaba, sin saber o creer, que tanta muleta se vuelve de amnesia, se olvida de todo, de las direcciones postales, de los números de teléfono. El suyo. Entonces, de rodillas, lloró sobre los muebles, sobre el bosque de papeles ajados, sobre las rojas baldosas y sobre la herida imborrable de todo lo que se fue.
Él sabía, a veces la vida te despoja de los juegos, del espasmo ardiente, y de las mentiras. A veces la vida se sienta en el sillón de orejas raídas, a pensar, mientras él, se había quedado solo, para siempre.