viernes, 28 de agosto de 2015

LOS ÁRBOLES QUE NUNCA,NADIE PLANTÓ

 Este poema es mi humilde homenaje a la inmensa prosa de Juan José Saer, escritor argentino nacido el 28 de junio de 1937 en Serodino, provincia de Santa Fe.





HOY quería escribir sobre las grullas que dispersan el cielo
en su huida hacia el silencio.
Pasan los corderos por senderos sin huella ni margen,
deshuesando el inefable destino de la herencia.
Wenceslao, inmerso en la hora sin sombra,regresa
con el alma dolorida al patio de su casa,
donde brillan los márgenes del río de espinazo marrón,
con sus hilos grisaseos que se dispersan hacia la orilla.
Ella, desprovista de rostro,revuelve el silencio
en una olla quemada por las ramas y las hojas secas,
que al caer, mataron su propia sombra.
Ahora, justo ahora, Wenceslao le pregunta:
-¿Querés un mate?-
Entonces él y los perros que miran el aire, con la mirada extraviada, no oyen más que el agua ancestral,construyendo y destruyendo,con el paso de las nubes,su espejo memorable.

Ahora todo vuelve en sí,
y se queda, irremediablemente, en silencio

sábado, 22 de agosto de 2015

EL ADIÓS Y EL REENCUENTRO

Madre MÍA, perdona mis silencios.
No intentes retener
esta gota que se agita.
Hoy me voy
y de verdad espero
oler tu pan, tu abrazo
que cobija
MADRE MÍA
me escuchas ya?

jueves, 20 de agosto de 2015

YO NO SÉ VIVIR



 Dedicado a los millones de seres que sufren depresión, ansiedad, o cualquier infamia vil, que no les deja respirar.


Yo no sé vivir,
si apenas en mi cráneo
contengo mis enceres,
las flores de mi mente
que quieren escapar.
 

Yo no sé vivir
ni ordenar ideas.
No sé apagar las luces
que mi ansiedad despierta
No sé, definitivamente
despertarme sin dolor.
 

¿Entonces, quién debió
enseñarme todas estas cosas?
 

¿A quién se le olvidó?

Yo soy
mi propia duda
que ataca mis costales,
mis ciénagas, mi sombra.
Ferreo bloque de fondeo

que no me deja andar.

Definitivamente yo,
no aprendí a vivir.


miércoles, 12 de agosto de 2015

RUMBO FIJO


 Han venido los animales oscuros
que huelen a lluvia y a monte desgajado.
Andan en silencio por mis ojos,
debajo de los cuales
envejezco sin retorno.
Ramas, hojas centenarias
se posan en mis hombros,
y en la vendimia cruel de tu distancia
abro la boca, ahogada por la sombra,
para que tu labio reinvente la locura.
 
Pero estoy inerte, desnudo
ante la soledad de mis uñas
que hoy, no tienen más destino
que el silencio del silicio.
 
Entonces, en la misma ochava
vuelvo a dejar la soledad
de mi memoria, junto a una flor
de crisantemo.
 
Entonces, los animales de la sombra
descienden por mis brazos
y empiezan a andar,
rumiando mis heridas.

lunes, 10 de agosto de 2015

EL PRISIONERO



A mi padre, Juan E. González

En algún lugar existe un muro
repleto de memoria.
Allí duerme el pan, con hambre
de palabras.
 

La mesa, los restos del otoño, 
y el padre no presente
que implora a su retoño:
 

-Hijo, préstame tus manos
para poder hablar-
 

-Déjame las llaves
de mi orgullosa muerte-
 

¿Para qué vivir sin poder gritar?
¿Para qué los ríos, o el árbol
de la lluvia?
¿Para qué la espuma, entre tanta muerte?
 

-Hijo, acaba tú
de liberar la sudestada.
Libera las majadas
que pastan en el sur,
enciende la esperanza
y déjame partir.
Mi labor,
ya se ha cumplido-



martes, 4 de agosto de 2015

LAS MANOS DE MI PADRE

 ¿Cree en la inspiración o en la disciplina, a la hora de escribir un poema?
- No creo para nada en la inspiración. El proceso creativo tiene que ver con las lecturas y la disciplina. Un poema, en mi caso, parte de un hecho que me conmueve, o de imágenes, que luego van conectándose con la realidad. Siempre digo y dije que la poesía es sinónimo de comunicación, lenguaje y escritura; la poesía tiene la capacidad de rescatarnos.

Fragmento de entrevista a Juan E. Gonzalez.

 
 LAS manos de mi padre ya no ven,
ni oyen el latido de su cuerpo.
Las manos de mi padre están ciegas,
sordas de dolor, 
de embriaguez sentimental
y de memoria.
Las manos de mi padre deambulan
por pasillos sin andén, 
por ventanas sin visión,
ensombrecidas por el musgo
y por las algas.
Estás, padre mío, perdido
en tu propio laberinto, diminuto
espacio de memoria,
donde guardas el recuerdo de los besos,
de alguna suavidad y de un gemido. 

Tristemente tus manos ven la luz
cuando tu no puedes verlas,
cuando tu árbol retorcido se evapora
en las madejas de la lluvia.
Ya no habrá más abrazos,
ni siquiera bendición
de tu mirada opaca, 
aún cómplice
de un esplendor que ya se fue.

Las manos de mi padre se callaron,
se fueron rodando desordenadamente
ante la implosión de sus tardanzas.
Entonces, cada perla, cada línea,
lo devuelve al universo de sus versos.

HORIZONTE

Mi piel, en silencio grita:
sácame de aquí.





EL hombre sesga su cuerpo, su cuello
que se adentra en el interior de su cráneo.
Levemente estira sus piernas para ver,
ver más allá de los railes que avanzan
desde el horizonte. 
Bello horizonte singular,
donde cada día guarda sus sueños,
las voces que lo visitan cada noche,
los recuerdos y el abdomen del amor. 

Pero hoy, implacablemente hoy,
no es capaz de ver nada, ni nadie.
No ve los ojos de su anhelo, 
no ve las alas del deseo, ni la torsión
de su cuello dolorido. No ve,
y esta imposibilidad recorre su sangre,
su dedal repleto de hojas secas,
que le duelen al partir.
Finalmente no hay más luz en sus ojos
y la sombra es el dolor,
dolor de perder la cordura, 
la agilidad en sus dedos, en su mente
que ya navega a ciegas,
en un barco que por fin,
asume su horizonte.