viernes, 13 de febrero de 2015

LA MEMORIA, OTRA VEZ


A mi Abuelo, Juan Santo González.

En el vientre de los brotes 
nacen rayos de luz,
que enamoran sin tormento

la capa de la noche.
 


También, y casualmente, 
germinan las semillas,
las letras que se fueron derramando

por mis dedos, 

HAY un huerto vacío, 
un limonero y los astros.
Más allá, está el naranjo, 

el níspero perdido,
y un país plagado de esperanza

e ignorancia, de gorjeos matinales
como agujas.
 

Porque después, no hubo nada. 
Nada, salvo el silencio de la siesta, 
atravesado por el canto del Crespín,
donde un rostro se refleja.


¿Y mis ojos? 

Mis ojos miran el fondo
de un tanque de fierro oxidado, 

que guarda en el agua de lluvia,
una colonia de larvas que brillan.

LA PUTA NOCHE


La bengala perdida

Tu jeep no arranca más,
ni siquiera un milagro te haría salir,
del barro no volverá.
Adentro queda un cuerpo,
la bengala perdida se le posó,
allí donde se dice gol.
Dejaron todo bajo el vendaval
y huyendo del lodo no se supo más,
bajo la lluvia el chasis se pudrió
y allí también la criatura de Dios.
Después volvió el amor...

Y decía el negro, tendido debajo de las ramas: ¿Cómo reconciliarse uno con esta desazón, con lo perdido?
¿Cómo reivindicar las piedras duplicadas, los errores en la frente?
¿Cómo saber si habrá un mañana, si por fin, la mano dejará de apretarle los tientos a uno, que se esconde,como un animal herido huyendo del dolor?
 

¿Tiene final, acaso discutible, el dolor de la herida perpetua?
¿Tiene final el hilo negro que ata los crespones al pescuezo, a las adormideras del espanto?
¿Tiene final el cuerpo de la noche, que vomita mis restos sobre las veredas sucias, sobre el margen del tiempo?
 

¿Hay, madre, un final? 
¿Lo sabrás, vos que estás fuera del margen?
 

¿Cómo saber estas cosas, imposibles de mirar, sin quedarse uno tendido, debajo de las ramas, mirando la espesura...

SINGULAR

NO soy lo que digo, ni mis actos. 
No soy quien te observa,  ni quien mira.

Tampoco soy 
quien anda sustentado por mis piernas,
doblando mis facciones.

No soy, tampoco el niño
que jugaba en una escuela vacía;
no soy un signo impreso, 
ni un legajo o una isla.

Ni siquiera soy, un verso mal escrito,
un discutible error de la palabras.
Pero tal vez sea, eso sí,
el singular silencio que anda entre sus letras,
en SILENCIO.