jueves, 12 de marzo de 2015

A UN HOMBRE, UNA MUJER

UN HOMBRE 
sentado en el banco de una plaza, 
incansable ve pasar
los fotogramas de sus días.
Frunce el ceño, y su frente
habla de los sueños que volaron.
No lo dejan respirar, las lineas
de su frente, que bajan por su cuello
y abrazan los labios del rocío.

Sabe el hombre, 
que muere un poco 
cada vez que ve pasar 
un fotograma. 
Sabe el hombre, o la mujer 
que observa el cielo,
desde el otro extremo de la plaza.
Ella, además, frunce los labios,
encoge sus hombros y tiembla
al recordar, retomando las agujas,
del tiempo que pasó por cada
linea de su cuerpo.
Recuerda, revive la pasión entre
sus dedos, que recorren su costado.

Recuerdan, reviven, renacen,
la mujer
y el hombre.