martes, 4 de agosto de 2015

LAS MANOS DE MI PADRE

 ¿Cree en la inspiración o en la disciplina, a la hora de escribir un poema?
- No creo para nada en la inspiración. El proceso creativo tiene que ver con las lecturas y la disciplina. Un poema, en mi caso, parte de un hecho que me conmueve, o de imágenes, que luego van conectándose con la realidad. Siempre digo y dije que la poesía es sinónimo de comunicación, lenguaje y escritura; la poesía tiene la capacidad de rescatarnos.

Fragmento de entrevista a Juan E. Gonzalez.

 
 LAS manos de mi padre ya no ven,
ni oyen el latido de su cuerpo.
Las manos de mi padre están ciegas,
sordas de dolor, 
de embriaguez sentimental
y de memoria.
Las manos de mi padre deambulan
por pasillos sin andén, 
por ventanas sin visión,
ensombrecidas por el musgo
y por las algas.
Estás, padre mío, perdido
en tu propio laberinto, diminuto
espacio de memoria,
donde guardas el recuerdo de los besos,
de alguna suavidad y de un gemido. 

Tristemente tus manos ven la luz
cuando tu no puedes verlas,
cuando tu árbol retorcido se evapora
en las madejas de la lluvia.
Ya no habrá más abrazos,
ni siquiera bendición
de tu mirada opaca, 
aún cómplice
de un esplendor que ya se fue.

Las manos de mi padre se callaron,
se fueron rodando desordenadamente
ante la implosión de sus tardanzas.
Entonces, cada perla, cada línea,
lo devuelve al universo de sus versos.

HORIZONTE

Mi piel, en silencio grita:
sácame de aquí.





EL hombre sesga su cuerpo, su cuello
que se adentra en el interior de su cráneo.
Levemente estira sus piernas para ver,
ver más allá de los railes que avanzan
desde el horizonte. 
Bello horizonte singular,
donde cada día guarda sus sueños,
las voces que lo visitan cada noche,
los recuerdos y el abdomen del amor. 

Pero hoy, implacablemente hoy,
no es capaz de ver nada, ni nadie.
No ve los ojos de su anhelo, 
no ve las alas del deseo, ni la torsión
de su cuello dolorido. No ve,
y esta imposibilidad recorre su sangre,
su dedal repleto de hojas secas,
que le duelen al partir.
Finalmente no hay más luz en sus ojos
y la sombra es el dolor,
dolor de perder la cordura, 
la agilidad en sus dedos, en su mente
que ya navega a ciegas,
en un barco que por fin,
asume su horizonte.